Lo que parecía imposible hace apenas unos años vuelve a repetirse: Almería ha sido testigo otra vez de una aurora boreal. Durante la madrugada del 12 de noviembre, un resplandor rojizo iluminó el horizonte norte y quedó registrado por las cámaras del Observatorio de Calar Alto, convirtiendo la noche en un espectáculo astronómico tan insólito como fascinante.
Un fenómeno excepcional impulsado por el Sol
La aurora, mucho más discreta que otras observadas recientemente, fue consecuencia directa de una tormenta solar especialmente intensa. Según detallan los astrónomos del observatorio, durante la mañana del 11 de noviembre se produjeron dos potentes eyecciones de masa coronal desde la región activa 4274 del Sol.
A casi 1.500 kilómetros por segundo, esa gigantesca nube de plasma magnetizado alcanzó la atmósfera terrestre apenas unas horas después, provocando una fuerte alteración del campo geomagnético del planeta, con índices Kp de 8 a 9- —niveles que se consideran extremadamente altos—.
El resultado fue una aurora visible desde amplias zonas del planeta, incluido un punto tan meridional como Almería.
Un espectáculo captado por las cámaras, no por los ojos
Aunque las webcams de Calar Alto registraron perfectamente la escena, las condiciones de la noche impidieron contemplarla de manera directa. La luz de la luna en cuarto menguante y la aparición de algunas nubes hicieron imposible verla sin la ayuda de dispositivos sensibles.
Aun así, las imágenes obtenidas muestran un intenso resplandor rojo que se mantuvo estable durante varias horas y que vuelve a situar a Calar Alto como uno de los mejores balcones del mundo para observar fenómenos de este tipo.
La actividad solar continúa: podría repetirse
Los especialistas del observatorio advierten de que el Sol sigue en una fase de máxima actividad, por lo que no se descarta que nuevas auroras puedan volver a ser visibles desde el sureste peninsular en los próximos días o semanas.
Calar Alto, con su cielo limpio y su altitud privilegiada, seguirá siendo el lugar ideal para intentar volver a presenciar un fenómeno que, aunque excepcional, empieza a ser menos raro de lo que imaginábamos.


