En Los Huevanillas, una barriada de Arboleas, nació en 1915 uno de los grandes referentes culturales del Valle del Almanzora: Pedro Gilabert Gallego, conocido popularmente como el tío Perico. Su historia es un ejemplo de que nunca es tarde para crear, para expresarse y para dejar huella.
Durante gran parte de su vida, Pedro trabajó como albañil y fontanero, oficio que desempeñó tanto en su tierra como en Francia, donde emigró en busca de mejores oportunidades. Sin embargo, fue a los 63 años, ya jubilado, cuando descubrió su verdadera vocación: la escultura en madera de olivo. Sin formación académica en arte, comenzó a tallar figuras que pronto llamarían la atención por su expresividad, simbología y pureza estilística. Su obra se inscribe dentro del arte naïf, un estilo cargado de emoción y autenticidad.
Sus esculturas, que superan las 140 piezas, retratan escenas del campo, figuras humanas, animales y personajes simbólicos que nacen del alma. Cada talla habla de su visión del mundo, de sus vivencias y de una conexión profunda con la naturaleza y la espiritualidad.
En 2003, Arboleas le rindió homenaje inaugurando el Museo Pedro Gilabert, un espacio donde se conserva su obra y se celebran exposiciones temporales, encuentros artísticos y actividades culturales. Además, su legado continúa vivo a través de su hijo, Pedro Gilabert Bonillo, quien también ha seguido los pasos de su padre como escultor en madera de olivo, aportando su propia sensibilidad y estilo.
Pedro Gilabert fue distinguido con varios reconocimientos en vida, como la Medalla de Plata de Andalucía en 1989 y el título de Hijo Predilecto de Arboleas, pero, sobre todo, se ganó el cariño de su tierra y el respeto del mundo artístico por demostrar que la creatividad no entiende de edades ni de límites.
Hoy, sus obras siguen hablando en silencio desde las vitrinas del museo que lleva su nombre. Y lo hacen con la fuerza serena de la madera y la verdad de quien crea con el corazón.


