En Purchena, un pequeño municipio del Almanzora con siglos de historia a sus espaldas, late un enigma cultural que conecta la sierra con los grandes escenarios de Hollywood. El protagonista es Albert Hay Malotte, compositor estadounidense célebre por poner música al “Padre Nuestro” y por su vinculación con Walt Disney en los años dorados del cine.
Lo curioso es que Malotte nunca pisó España, y mucho menos Almería. Sin embargo, en 1938 compuso una pieza orquestal titulada “Fiesta en Purchena”, inspirada en los legendarios Juegos Moriscos de Aben Humeya, que desde el siglo XVI recrean música, danzas, competiciones y rituales heredados de la cultura morisca.
Un viaje de papel y tinta
El misterio se resuelve a medias cuando descubrimos que Malotte conoció los Juegos a través de un libro publicado en EE.UU. en los años treinta, Music in Ancient Arabia and Spain de Eleanor Hague, que describía con tintes casi románticos aquellos juegos celebrados en la plaza de Purchena en 1569. Malotte, fascinado por la idea de un festival que mezclaba lucha, poesía y música, decidió transformarlo en sonido.
Así nació “Fiesta en Purchena”, una obra que durante décadas permaneció olvidada en archivos norteamericanos y que hoy vuelve a resonar como símbolo de la inesperada conexión entre la música sinfónica americana y la tradición popular de un pueblo almeriense.
De Hollywood al Almanzora
El hallazgo de la partitura hace unos años desató el interés de investigadores, músicos y del propio Ayuntamiento de Purchena, que decidió rendir homenaje al compositor con un festival que lleva su nombre: el Festival Albert Hay Malotte.
Este evento, que combina música, literatura, cine y teatro, no solo recupera el legado de Malotte, sino que también pone en valor el vínculo de Purchena con una historia que parecía perdida en los anaqueles de la memoria.
Un legado universal
La paradoja es fascinante: mientras en Estados Unidos apenas se recuerda a Malotte más allá de sus colaboraciones con Disney, en el Valle del Almanzora su nombre se ha transformado en un puente cultural. Su música se ha convertido en excusa para redescubrir los Juegos Moriscos, declarados de Interés Turístico Andaluz, y para situar a Purchena en el mapa cultural internacional.
En definitiva, el misterio de Albert Hay Malotte no está en si conoció o no Purchena, sino en cómo un pueblo pequeño logró inspirar, desde la distancia, a un compositor que nunca imaginó que su obra sería acogida como parte del patrimonio cultural de Almería.
Quizás ahí resida la magia: la música, como los misterios, no entiende de fronteras.


