Cada mes de enero, Cantoria se transforma. Las calles del municipio se llenan de humo, chispas y un sonido inconfundible que anuncia una de las celebraciones más singulares del sureste español: las Carretillas de San Antón. Una fiesta que no se observa desde la distancia, sino que se vive desde dentro, y que forma parte de la identidad colectiva del pueblo y del Valle del Almanzora.
Qué son hoy las carretillas
Las carretillas son artefactos pirotécnicos artesanales, elaborados tradicionalmente con cartón, pólvora y limaduras de hierro. Al prenderse, se desplazan por el suelo girando de forma imprevisible, lanzando chispas y creando un espectáculo de luz y sonido que invade calles, plazas y rincones del casco urbano.
La celebración tiene lugar principalmente la noche del 16 de enero, víspera del día de San Antonio Abad, conocido popularmente como San Antón. A lo largo de esa noche se suceden distintas tiradas —infantiles, juveniles y de adultos— organizadas y reguladas para garantizar la seguridad, con protecciones metálicas en fachadas y un amplio dispositivo de emergencias.
Hoy, las carretillas conviven con otros actos tradicionales: la procesión, la bendición de animales, las hogueras, los encuentros vecinales y la hospitalidad de las casas abiertas, donde no faltan productos de la tierra, vino y dulces típicos.
Una tradición con raíces profundas
El origen de las carretillas no puede fijarse en una fecha concreta, pero los estudios y la tradición oral sitúan su nacimiento varios siglos atrás, ligado a la historia productiva y social del municipio y de la comarca.
Por un lado, la devoción a San Antonio Abad, patrón de los animales y vinculado simbólicamente al fuego como elemento purificador, fue clave para integrar el uso de la pólvora en una festividad de carácter religioso. Por otro, el Valle del Almanzora fue durante siglos una zona con actividad artesanal relacionada con la pólvora, la minería y otros oficios donde el fuego era protagonista.
En este contexto, el uso festivo de pequeños artefactos pirotécnicos se fue consolidando como una forma de celebración colectiva, hasta adquirir en Cantoria una personalidad propia y diferenciada. Con el paso del tiempo, la carretilla dejó de ser solo un elemento festivo para convertirse en un símbolo local.
De lo artesanal a lo identitario
Antiguamente, las carretillas se fabricaban de manera completamente artesanal, utilizando cañas naturales y materiales disponibles en el entorno. Hoy, aunque los materiales han evolucionado, el espíritu sigue siendo el mismo: muchas peñas y grupos locales continúan elaborándolas de forma manual, transmitiendo el conocimiento de generación en generación.
Este carácter artesanal explica también por qué la fiesta no se ha deslocalizado ni estandarizado. Las carretillas de Cantoria no se entienden fuera de sus calles ni fuera de su contexto social.
Mucho más que pólvora
Las Carretillas de San Antón no son solo un espectáculo visual. Son un rito de paso, una forma de reafirmar la pertenencia al pueblo y una tradición que conecta a niños, jóvenes y mayores en una misma noche. Para muchos vecinos, la primera carretilla lanzada marca un antes y un después; para otros, es el recuerdo anual de quienes ya no están y de cómo se celebraba “antes”.
En un mundo cada vez más homogéneo, Cantoria conserva una fiesta que no se ha domesticado del todo, que sigue siendo intensa, ruidosa y profundamente local. Una tradición que explica, mejor que cualquier discurso, la relación del Valle del Almanzora con su historia, su gente y su forma de celebrar.
Las carretillas no solo iluminan la noche de San Antón. Iluminan la memoria de un pueblo que, cada enero, vuelve a reconocerse en el fuego.


